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VERDADES FRESCAS

Verdades

Inevitables canas verdes brotan en mi coronilla al pasar en las esquinas infestadas de viejos verdes. ¡Sin contar cómo me dejan los verdosos chismes vecinales que tratan sobre mí! El barrio huele a brócoli hirviendo. ¡Lo cuece la gente verde de envidia!

Para calmarme, voy a la sala y sorbo un poco de oro verde (he de cuidarlo, ya me queda poco). Pero no puedo, los Enanitos Verdes, encerrados en una de las habitaciones de la casa, no cesan de cantar: “Sumar tiempo no es sumar amor. Y en la soledad se está mejor”. Él y sus ojos de jade relampaguean en mi pensamiento; para dejar de recordarlos, miro la lluvia caer.
El aroma de las hierbas húmedas impregna todos mis sentidos; me ofrece vívidas imágenes de su objeto, entre las cuales distingo una impropia: el apio. ¡Ah! ¡Verdor! ¡Frescura!
El piso mojado del hall refleja el cielo y me trae a la memoria el color verde del agua marina. Un “verde que me pierde”. A lo lejos, los ecos de “Más y más”, de Robi Draco Rosa… ¡Muy apropiados!

 

Entra un mensaje de texto. Tendré una visita de Esperanza. ¡Mi amiga incondicional!

 

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