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EL TRANSPARENTE

t      Él era un tipo de vidrio sentado en un montículo de tierra cubierto de pasto. Cada vez que ibas a la parada de transporte urbano de pasajeros, lo veías allí (ya que se hallaba enfrente). Siempre, sujetando sus rodillas contra el pecho. Situado detrás de una pared translúcida que colocó el día en que se instaló en el lugar.
–Una  especie de cortina que, a pesar de compartir con su propietario las  mismas características incoloras, no pasaba inadvertida-.
No te era posible siquiera vislumbrar sus ojos, pero no pocas veces notabas que dirigía la mirada hacia abajo y la mantenía así por horas. Sobrevolaban coloridos corazones en el paisaje soleado, y él brillaba como el agua cristalina en esas condiciones climáticas, pero no levantaba el mentón.
Aunque, en ciertas ocasiones, el joven lograba ver a esos diminutos cuerpos opacos… ¡e, incluso, se sentía atravesado por ellos! Sin embargo, a él no le interesaban.
Todos sabían que ese diáfano hombrecillo creía haberlo visto todo, por éso tomaba esa actitud. Tú estabas al tanto de que ése era el motivo por el cual dejaba pasar la vida.

 

Y así, tu vida transcurría. Viendo cómo él detenía la suya.

 

 

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