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VUELO FUNDAMENTADO

Vuelo
Érase una vez un pequeño humano cuyo cuerpo estaba anclado en la tierra. Movíase a gatas, y cada vez que lo hacía, crecían los hilos que habían emergido en sus extremidades apenas hubo llegado al mundo. Filamentos que, día a día, paso a paso, se tensaban y elevaban. Hasta que, en una oportunidad, su fuerza y extensión llegó a ser tal, que el niño comenzó a sentir un gran e inexplicable dolor. Algo que nunca había experimentado antes. Pensó que acelerar la velocidad con que se trasladaba era la solución. Que así, se aminoraría ese padecer. Pero no fue así.

Continuó sin saber qué hacer. Al fin, desesperado, levantó la mirada. Con la vista, siguió la dirección de los lazos que emanaban sus brazos y piernas. No bien lo hizo, notó que podía desplazarse mejor. La sensación molesta no desaparecía, pero ya no era perturbadora. De esta manera, la marcha del chico continuó, al igual que el crecimiento de los hilos y su elevación.
Cierto día, el muchacho observó que en los extremos de los mismos formábase una figura humana, similar a la de él. La diferencia radicaba en que aquélla era la de un adulto. A medida que pasaban las horas, la silueta sujeta por los filamentos se desarrollaba más y se volvía más nítida.  Ésto incentivaba al infante a persistir en su movimiento. Impulso que se acentuó cuando se dio cuenta de que el adulto que se estaba conformando por encima de él, en cierta forma… era él. Era quien deseaba ser en el futuro.
Transcurrió el tiempo. El ascenso era cada vez más tedioso. Sus brazos y piernas, desgastados y cansados por los intensos movimientos que les exigía la ribada aérea. No pocas veces trató de detenerse y terminar su caminata allí mismo. Pero era imposible. Cuando lo intentaba, los hilos que le precedían lo tironeaban. Lo obligaban a voltearse. Lo llevaban a mirar hacia abajo, donde se encontraba su pequeño yo pasado. Un niño quieto, de piedra, que en su tiempo solía gatear para moverse. Una vieja y lejana figura que ahora lo veía alejarse cada vez más. Subir y subir.
De esa forma, se revitalizaba. Se daba vuelta y proseguía, aliviado, su ascensión.

 

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