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LUCES ENTRE LOS TRONCOS (parte II)

Ojos

¿Qué puedo escribir? Necesito armar otro relato, pero se me han acabado las ideas. Y para variar, tengo muy poca experiencia de vida. Si tuviera más, por supuesto que dispondría de mucho material a partir del cual generar ficciones… Realmente, no sé qué hacer. Escribo esto en mi habitación, desde la cual vislumbro la arboleda en la que vive ese extraño ser de ojos luminosos. (Es de mañana, y dichos ojos no son visibles a la luz del día, por eso es que ahora me atrevo a mirar hacia la mencionada vegetación). Y mientras, pienso que eso es lo único interesante que me ha pasado en este barrio hasta ahora. Lo único relevante; y, sin embargo, salgo por la puerta de atrás de la casa para no confrontarlo.

Recuerdo que el día que me le acerqué, tuve mucho miedo, pero necesitaba saber qué era aquello. Lo que me ayudó a decidirme fue pensar que todos los días me refugio en experiencias por demás conocidas. Siendo así, ¿por qué no explorar qué eran esos ojos? Al fin de cuentas, me parecía un acontecimiento atemorizante, pero diferente a todo lo vivido hasta el momento.

Es que, con frecuencia, me encuentro sobre el agua del río, contemplando su profundidad, su vastedad. O, a veces, me hallo en cercanías y veo atardeceres a los cuales les toca tolerar el mal humor de las olas, su turbiedad. ¡Y en cuántas oportunidades habré vuelto a mi antiguo hogar y me habré arrojado al césped del patio de atrás, cansada de no progresar! En estos casos, siempre prefiero los sueños en los que vuelo, aunque menos que volar, planeo a poca distancia del suelo y durante escasos minutos. Solamente una vez me pude elevar y observar todo en ángulo cenital. Sin embargo, en todas estas ocasiones me siento como si estuviera en medio de paisajes soleados con vientos calientes (una historia que intenté escribir acerca de la soledad prolongada); duchándome en una mezcla concentrada de agua; traspasando las nubosidades de la imaginación. Adormeciéndome placenteramente a falta de contacto con la tierra, a falta de acción.

Aproximarme a los ojos misteriosos, a esas dos luces entre las copas de los árboles, parece ser un cable a tierra…

 

Mejor escribo otra cosa.

 

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