Inicio » Relatos » PESADILLAS FRUSTRADAS

PESADILLAS FRUSTRADAS

Pesadillas

  Durante una madrugada, alguien muy conocido camina por el pasillo de la casa para pedirme que le haga un favor. Se me acerca a paso rápido y,  a medida que lo hace, realiza la petición con una voz débil, levemente ralentizada. Veo en este hecho indicios de una pesadilla, bastante familiar, vinculada a las cosquillas. Es decir, en estos casos, la persona se me aproxima para realizarme cosquillas incesantes, las cuales lejos de causarme risa, no me permiten respirar y me llevan a solicitar auxilio, pero con la gran dificultad de que no me sale la voz. Como vía de escape, hago esfuerzos sobrehumanos para abrir los ojos. Acto seguido, me cercioro de que nada de eso es real y busco una mejor posición en la cama, ubicándome hacia el costado o boca abajo.

  Sin embargo, dicha postura es molesta para mi columna, motivo por el cual decido volver a dormir boca arriba. Así, sueño nuevamente con mi habitación, con mi cama, conmigo mismo, con la madrugada… En otras palabras, con el mismo escenario, pero con una situación diferente. En este caso, estoy acostado, sintiendo y oyendo el correteo de mis perros. En el otro dormitorio de la casa, se encuentra la persona que me había solicitado ayuda en el anterior sueño. Esta vez, su voz suena potente, autoritaria. Esta vez, me ordena callar a los canes. Despierto y me pregunto por qué se transforman mis pesadillas, por qué se truecan por reproducciones de mi vida cotidiana. Antes de encontrar una respuesta, vuelvo a dormir.

  Abro los ojos y me encuentro en un lugar extraño. Empiezo a tomar noción y a recordar que había dejado a mi abuela en su casa. Es de noche. Me dirijo a visitar a mamá, pero la tormenta arrecia. Para llegar allí, debo cruzar un arroyo, cuyas aguas se han acrecentado. Me valgo de los troncos que allí han caído, para pasarme al otro lado del acueducto.

  Cuando logro hacerlo, ingreso a la casa de mi madre y me preparo para dormir. De repente, se escucha un gran trueno y acto seguido, se interrumpe la energía eléctrica. A pesar de la lluvia torrencial, a lo lejos, oigo el llamado desesperado de la abuela. Opto por retornar a su hogar para asistirla.

  Una vez que me encuentro allí, con la iluminación de mi teléfono celular, trato de encontrar una vela, pero, al parecer, la batería del móvil está muerta. “No. No es por eso que tu celular no funciona”, me hace saber la abuela. Así es que doy media vuelta y entiendo la razón por la cual mi pariente ha dicho aquello: ella está sentada y maniatada. A su lado, un ser que se podría calificar como androide. Un extraterrestre que había llegado junto a los de su raza a través de la mencionada tormenta. Un ente que se robó la energía eléctrica.

  Este ser me ordena que le enseñe lo relativo a los teléfonos celulares. Como temo que la entidad pueda tomar represalias hacia mí si no lo hago, le obedezco. Sin embargo, en lo que dura el sueño, me inquieto por el daño que dicho ser podría causarnos… en vano. Posteriormente, vuelvo a abrir los ojos.

  A media mañana, mientras limpio la habitación, hallo bajo la cabecera de mi cama uno de los aretes que mi abuela tanto buscaba. Un arete en forma de atrapasueños.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s