Inicio » Cuento » “¡NO VOLVERÁN AL ÁRBOL!”

“¡NO VOLVERÁN AL ÁRBOL!”

Árbol

  Debido a que no estaban conformes con su ajetreada rutina, seis adultos misioneros[1]  solían rememorar algunos hechos ocurridos durante su infancia, un tanto lejana. Una niñez que compartieron y que los llevó, en ese entonces, a tratarse como hermanos; en comparación a la adultez, en que se veían como extraños. Algunos de ellos la recordaban esporádicamente, y durante el escaso tiempo libre que les dejaba sus mal retribuidos trabajos; otros la evocaban más frecuentemente, debido a que no les era fácil darle un descanso al pasado. Es decir, sus memorias sobre dicha etapa de la vida solían tener lugar en tiempos y circunstancias disímiles, pero las mismas estaban intactas.

  En la parte de atrás del reciente barrio en el que residían los entonces niños, todavía permanecía una porción de monte, la cual rodeaba una destartalada casa que parecía abandonada. Por iniciativa de vaya-a-saber-quién, ellos, durante sus juegos diurnos, solían invadir el terreno con el objetivo de admirar el antiguo aljibe que se erigía detrás del inmueble; y, principalmente, trepar un árbol de limones para extraerlos y llevarlos a una de sus mamás con el objeto de que ésta les preparara tereré con limonada.

  En una de sus excursiones, las niñas del grupo avistaron, en una de las ramas del limonero, un sucio vestido rosa para muñeca. La más liviana de ellas se animó a tomarlo. Al descender, todas discutieron sobre quién se quedaría con el mismo,  y se lo ganó la que tenía la muñeca más grande.

  En otra oportunidad, cuando los miembros del grupo estaban en sus posiciones, es decir en las ramas que a cada uno le correspondía, desde abajo del árbol, otros infantes les gritaron que se bajaran de allí porque rondaba en cercanías el mítico “Pombero”[2]. Los primeros miraron hacia atrás  y vieron un pájaro negro que se perdía entre las copas de los árboles montaraces. Espantados, gritaron, descendieron del limonero y corrieron en dirección al barrio, olvidándose  de los codiciados cítricos. Ese día, tuvieron que tomar tereré con jugo artificial.

  A pesar de que este acontecimiento todavía agitaba sus corazones, el episodio que más recordaba la mayoría, se relacionaba con el último día en que tomaron contacto con el querido árbol; precisamente, porque el mismo representaba el fin de su niñez, de la fase más colorida de sus vidas. Ese día, al culminar la recolección de limones y emprender el retorno al barrio, oyeron tras sus espaldas una potente voz. Se quedaron pasmados por unos minutos, pero luego supusieron que se trataba del altavoz de la camioneta de verduras, y reanudaron su marcha.

  Nunca supieron lo que significaba hasta que, recientemente, la voz se reprodujo en cada uno de sus sueños; y lo hizo con claridad. Fue así que comprendieron se trataba de una advertencia: “¿Están seguros? ¡No volverán al árbol!”.

[1] De Misiones, Argentina.

[2] Personaje de la mitología guaraní.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s