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LOS CASSETTES DE LA PRIMA HERMANA

Cassettes

    Una vez, una joven de nombre D… salió temprano de su casa alquilada para abordar el colectivo que la dejaría cerca de su trabajo. Ese día, como todas las jornadas en las que le tocaba laborar, durante el trayecto sintió miedo porque el barrio, a esas horas,  era inseguro; además, la acompañaba el permanente temor por quedar sin empleo. Pero, en esta ocasión, a sus preocupaciones se le sumaron el intenso calor de verano y el sopor característico de los que apenas pueden dormir porque los acecha la culpa de haberse comportado mal con una muy buena persona.

   Cuando era niña, D… jugaba con la colección de cassettes que le había prestado su prima hermana F… (ya que ésta le había dicho que en su viaje, no los necesitaría), lejos de darle el debido uso. Pese a que la pequeña D… sentía que F… aparecería en cualquier momento, no hacía más que arruinar la colección. Los envases plásticos los rompía uno a uno, día a día. El resto del packaging, lo destruía mediante mordiscos ansiosos. Los cassettes, los derretía en las fogatas realizadas para quemar la basura en el patio trasero de la casa. Y las cintas, las enredaba en la cabecera de la cama, algunos útiles escolares, el tronco del gran árbol de paraíso. (¡Si la madre de D… no habrá recurrido a sus hojas para el remedio casero contra los piojos de los niños!).

    Todo fue a parar al canasto de juguetes que, menos que eso, parecía de basura. Todo se conservó allí hasta los 15 años de D…. Luego, ella se deshizo de la chatarra. Tiempo después, se enteró que F…. pasó a ser intangible, tras lo cual comenzó a sentir remordimientos.

   Conforme pasaban los años, D…. trató de aplacar su inquietud ahorrando para reponer la colección estropeada, lo cual lo lograba a duras penas. Cuando no llegaba con el dinero, no le quedaba más remedio que tomarlo de sus ahorros para una casita. Es que el stock de  cassettes era reducido, y pocos mercados locales los comercializaban. A esto, se sumaba el hecho de que los mencionados productos eran codiciados por muchos. De ahí que los precios fueran elevadísimos para la de por sí pobre D….

   El día en que logró reunir la totalidad de dichos artículos, ella se sintió un poco aliviada, después de años de darle vueltas al tema. Pero al contemplar las nuevas adquisiciones, pensó cuánto tiempo perdió su prima ilusa por no poder oír su música favorita a causa de ella. Entonces, volvió a mortificarse. Es decir que D…. pudo haber roto los cassettes y reemplazarlos; pero aún permanecía en su mente la imagen de F…. y la confianza que ésta le tenía. La reminiscencia estaba grabada en su cerebro, y no hacía más que rebobinarse y rebobinarse.

   La noche del día en que D…. logró conseguir la colección, no durmió bien. Y en sus sueños entrecortados, aparecía F…. ayudándole a construir su futura casa. En un momento dado, tomaba un cascote empleado para la edificación y lo lanzaba a lo lejos. El escombro, tras su movimiento, dejaba una colorida estela. Acto seguido, la prima desaparecía. Luego, D…. se despertaba.

   El colectivo de D…., al día siguiente, se detuvo en una intersección de importantes avenidas. Ella miró hacia la ventanilla. Vio un acostumbrado paisaje, y tuvo que volverlo a mirar. La frondosa copa de un árbol estaba ornamentada por cintas magnéticas de vivos colores.

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