EL ACTO Y EL JAZMÍN

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Imagen tomada de Pixabay

  Suena el despertador. Abro los ojos y, apenas empiezo a tomar noción de la vida, se rebobina una armónica voz en mi cabeza. Repite una canción tradicional de China. (Es que los días anteriores debí aprendérmela para el acto de fin de curso del idioma chino-mandarín). Me levanto muy perturbada, deprimida, con calor; y, por si fuera poco, la espantosa luz del sol se filtra por la ventana de mi habitación. Yo me preparo rápidamente, mientras, mi mente reproduce las líneas de un tema musical que alaba la belleza de la flor de jazmín. Sigue leyendo

GUÍA DESORIENTADORA

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Foto tomada por F.K.

   Siempre sostengo en mi mano una estrella del cielo. Con su luz, ella me orienta en el camino arenoso, cuidando de mantenerme en la orilla del mar. Me ayuda, además, a leer la bóveda celeste, mostrándome algunas constelaciones. De esta forma, si bien ando bajo una noche eterna, no me pierdo, ya que cuento con toda esa iluminación estelar.

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LA ESCULTURA

   Escultura
 
 
       Con un poco de barro y prestos dedos talentosos, creé una escultura sencillamente bella e inspiradora. Ese día, decidí abandonar permanentemente el acto de estralarme los dedos; y, además, me zambullí en el barrial. ¡La obra era tan anonadante que, si la hubiera visto, uno no querría hacer nada más! Quedaría absorto y, automáticamente, se le suspendería la noción de todo. Enloquecería y desearía aplastarla contra su pecho.

LA PEQUEÑA ESTRELLA

Ella no podía dormir. Reposaba boca abajo en su cama de una plaza y, desde allí, La pequeñaapreciaba los rayos luminosos que le prodigaba el cénit nocturno, cuya posición era ocupada por un cuerpo celeste estudiado por la selenografía, conocido como Luna. Los haces atravesaban la ventana, azulando la pequeña habitación. Ese efecto acuarela (en unas partes, de tono más oscuro que en otras) era más activante que soporífero. Realmente, tenía a sus ojos cautivos. Éstos estaban fijos en un espacio en especial, cercano al alféizar, puesto que su claridad resultaba lenta, pero progresivamente… ¡hasta que se convirtió en una diminuta centella permanente, en una estrella terrena!
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