LA ESCULTURA

   Escultura
       Con un poco de barro y prestos dedos talentosos, creé una escultura sencillamente bella e inspiradora. Ese día, decidí abandonar permanentemente el acto de estralarme los dedos; y, además, me zambullí en el barrial. ¡La obra era tan anonadante que, si la hubiera visto, uno no querría hacer nada más! Quedaría absorto y, automáticamente, se le suspendería la noción de todo. Enloquecería y desearía aplastarla contra su pecho.

LA PEQUEÑA ESTRELLA

Ella no podía dormir. Reposaba boca abajo en su cama de una plaza y, desde allí, La pequeñaapreciaba los rayos luminosos que le prodigaba el cénit nocturno, cuya posición era ocupada por un cuerpo celeste estudiado por la selenografía, conocido como Luna. Los haces atravesaban la ventana, azulando la pequeña habitación. Ese efecto acuarela (en unas partes, de tono más oscuro que en otras) era más activante que soporífero. Realmente, tenía a sus ojos cautivos. Éstos estaban fijos en un espacio en especial, cercano al alféizar, puesto que su claridad resultaba lenta, pero progresivamente… ¡hasta que se convirtió en una diminuta centella permanente, en una estrella terrena!
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MEZCLA CONCENTRADA

Mezcla cSu ágil mano derecha, repleta de líneas, abrió el grifo. Una sucesión de finos cilindros de agua comenzó a caer sobre su cuerpo desnudo. Empezó a enjabonarse. Pronto, sus pies se cubrieron de una sutil espuma líquida. El sonido de la ducha y el que se producía al caer las numerosas gotas se combinaban, e iban acallando sus alborotados pensamientos, hasta apaciguarlos por completo. La acuática melodía llevó a esta persona a confundir la realidad con el sueño. Y en esta suerte de dormición, oyó un barullo de susurros.
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EL TEMOR MÁS TEMIBLE

El temor   Durante más de cuarenta años, Eustaquio ha sido el propietario de un gran terreno que cimienta su vasta casa, caracterizada por su pintoresquismo… En realidad, solía haber en el lugar una edificación como la señalada, pero ha sido demolida para instalar allí tres o cuatro pequeños cuchitriles a fin de alquilarlos. Ésto no le gustó nada al septuagenario Eustaquio cuando apenas era una idea formulada ante él por sus parientes, herederos de sus pertenencias, quienes argumentaron que éso les sería más rentable que el negocio familiar textil, el cual favorecía más a la columna del haber que del debe. A él lo llevarían a vivir con uno de ellos y luego, velarían por hallar a alguien extraño que velara por él.

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