OJO CON ESE JOVEN CEJUDO

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Imagen de Pixabay

 

   ¿Conoces al joven cejudo que vive allá, enfrente? No te conviene. Lo digo porque yo sí lo conozco. Es un ser delicado, “enojón”. Entra a las casas de sus amistades y, con ojos que transmiten desprecio, acentuados por gruesas cejas de gnomo, mira y remira los objetos; busca y rebusca imperfecciones, y las encuentra por montones. Tras el minucioso análisis… se queda en dichas casas y no se va más. Sigue leyendo

SALIR

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Imagen proveniente de Pixabay

 

   Vivir sumergida en el agua, hundida en la rutina y el silencio. En el desorden organizado. Salir después de años y darse cuenta de que la realidad es otra cosa, un mundo totalmente distinto. Sigue leyendo

VOLVER

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Imagen extraída de Pixabay

 

   Él me mira con ojos extraños, carentes de preocupación. ¡Años en compañía para terminar con esa mirada! Entonces, resta tirarme del mirador en el que estamos, que da hacia el río. Me encuentro ahora en límpidas y tranquilas aguas… me hallo nada más y nada menos que en el cielo. Doy la vuelta para volver a ver a mi compañero, pero solamente alcanzo a divisar su frente. Él no me puede ver más. Sigue leyendo

PARAGUAS

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Fuente de la imagen: Pixabay

 

   Tras un mal día laboral, una joven se preguntó por qué hacía tantos esfuerzos, si al final no llegaba a nada. Toda la vida trabajando, leyendo, escribiendo, para que nada de eso sea valorado o reconocido. Pero una vieja consejera le dijo al respecto, mientras ambas esperaban el bus: “Algún día, todo lo que haces te va a servir”. Sigue leyendo

DEMASIADO HUMANA

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   ¿También es cliché decir que algo es cliché? No importa, hoy haré uso de este recurso al afirmar que, cuando alguien muere, la gente siempre lo pinta como si durante su vida hubiera sido “bueno y perfecto”. Un santo, por así decirlo. Todos somos santos después de muertos. Al menos, así nos figuramos, pero sabemos que nada está más lejos de la realidad (en la mayoría de los casos). Sigue leyendo

LAS SOMBRAS Y LA LUNA

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Imagen de Pixabay

   Con cada mes lunar, se movían, rápidamente, dos sombras. En dichas oportunidades, caminaban sobre montículos de tierra, pisando desniveles rojos. Los guiaba el satélite terrestre, al que adoraban y al que siempre le seguían los pasos, incluso hasta cuando no se lo veía.

   Pero llegó un momento en que, a fuerza de cansancio, de tanto repetir marchas hacia adelante, las dos sombras ya no querían serlo. Aunque ustedes no lo crean, ellas deseaban despegarse de la Tierra para llegar a la Luna. Anhelaban convertirse en minerales lunares como por arte de magia. Así, en vez de ser puras sombras, formar parte de un cuerpo opaco que reflejara luz.

   Para ellas, era peor ser una sombra en el gran planeta Tierra, que un mineral en la pequeña y dependiente Luna.