RADIOGRAFÍA

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Se asusta el doctor cuando le realizo las consabidas consultas. “Vamos a hacer una radiografía de tórax”, me dice. Entonces, me asusto yo al pensar qué caro me saldría. Luego de pagar el estudio a la secretaria, que resulta ser barato, me dirijo en colectivo al otro nosocomio donde realizan dicho tipo de imágenes médicas. El cubrebocas azul me queda grande y tengo que tocarlo todo el tiempo para acomodarlo en mi rostro. Está húmedo; es que afuera comenzó a llover y yo apenas le presté atención, tan sumida en la pena me hallo.

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NO HAY PEOR SUFRIENTE

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Ella es lo negativo con ribetes de sonrisas. Es enfermedad con asomos de salud. Es ganas de fastidiarme la vida pero con miedo de que me queje. Su odio aumenta cuando no digo nada, y ella tampoco puede quejarse de la no queja. (Le dirían loca). Es comentarios indirectos que lanza, con tan mala suerte, que los siento como papeles que ella me arroja y no como las piedras que quiere que sean.

¿Qué misterio la cubre? ¿Qué enigma envuelve sus ojos? Ojos que sufren, pero a los que todavía les queda espacio para “ojear”, para maldecir.

Ella, con sus micromaldades, me pide ayuda. Reclama mi presencia, pero cuando estoy, se esconde. Y me miente, pero yo nunca voy a dejar de creerle. Ella sufre, pero no quiere dejarlo.

Ella se irá nuevamente. Pero siempre retornarán los ecos de su sufrir en mis pesadillas, donde aparecerá angustiada, adolorida… desvanecida. Donde mis palabras son solamente un eco.

No hay peor sufriente que el que se queja, no quiere ser ayudado y se enoja si logra la empatía.

DESEMPOLVAR

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   Un grupo de personas ingresa a esta casa después de mucho tiempo de desaparecido. Se trata de sus antiguos habitantes. Me ven y yo, al mirarlos, me pongo en su lugar y capto lo que están viendo y pensando. Muchas cosas tiradas en el piso. Objetos que en su momento fueron importantes, de calidad, valiosos; pero que ahora no se usan. Hay de todo; y se nota que ha pasado el tiempo porque sobre ellos se acuestan gruesas capas de polvo. Sigue leyendo

OJO CON ESE JOVEN CEJUDO

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   ¿Conoces al joven cejudo que vive allá, enfrente? No te conviene. Lo digo porque yo sí lo conozco. Es un ser delicado, “enojón”. Entra a las casas de sus amistades y, con ojos que transmiten desprecio, acentuados por gruesas cejas de gnomo, mira y remira los objetos; busca y rebusca imperfecciones, y las encuentra por montones. Tras el minucioso análisis… se queda en dichas casas y no se va más. Sigue leyendo

VOLVER

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   Él me mira con ojos extraños, carentes de preocupación. ¡Años en compañía para terminar con esa mirada! Entonces, resta tirarme del mirador en el que estamos, que da hacia el río. Me encuentro ahora en límpidas y tranquilas aguas… me hallo nada más y nada menos que en el cielo. Doy la vuelta para volver a ver a mi compañero, pero solamente alcanzo a divisar su frente. Él no me puede ver más. Sigue leyendo

PARAGUAS

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   Tras un mal día laboral, una joven se preguntó por qué hacía tantos esfuerzos, si al final no llegaba a nada. Toda la vida trabajando, leyendo, escribiendo, para que nada de eso sea valorado o reconocido. Pero una vieja consejera le dijo al respecto, mientras ambas esperaban el bus: “Algún día, todo lo que haces te va a servir”. Sigue leyendo

DEMASIADO HUMANA

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   ¿También es cliché decir que algo es cliché? No importa, hoy haré uso de este recurso al afirmar que, cuando alguien muere, la gente siempre lo pinta como si durante su vida hubiera sido “bueno y perfecto”. Un santo, por así decirlo. Todos somos santos después de muertos. Al menos, así nos figuramos, pero sabemos que nada está más lejos de la realidad (en la mayoría de los casos). Sigue leyendo

LAS SOMBRAS Y LA LUNA

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   Con cada mes lunar, se movían, rápidamente, dos sombras. En dichas oportunidades, caminaban sobre montículos de tierra, pisando desniveles rojos. Los guiaba el satélite terrestre, al que adoraban y al que siempre le seguían los pasos, incluso hasta cuando no se lo veía.

   Pero llegó un momento en que, a fuerza de cansancio, de tanto repetir marchas hacia adelante, las dos sombras ya no querían serlo. Aunque ustedes no lo crean, ellas deseaban despegarse de la Tierra para llegar a la Luna. Anhelaban convertirse en minerales lunares como por arte de magia. Así, en vez de ser puras sombras, formar parte de un cuerpo opaco que reflejara luz.

   Para ellas, era peor ser una sombra en el gran planeta Tierra, que un mineral en la pequeña y dependiente Luna.