EL SER DE PELUCHE

El ser de peluche jugaba en la vereda, mientras el sol lo calaba con sus rayos desde el cénit. Una mujer esperaba que se cansara y se metiera de nuevo en su carrito de plástico. El “niño” cabía en las palmas de las manos, era un pompón suave y sonriente. Nada que envidiar a los perros caniches toy. Sus ojos, dos bolas de cristal azul con pequeñas estrellas, siempre le comunicaban a su madre humana lo mucho que la quería, lo mucho que la admiraba.

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