LOS COLORES DEL AMANECER

Imagen extraída de Pixabay

Era la hora de la siesta en un barrio de pequeñas casas estándar creadas para familias con trabajo estable. Iris apareció en el jardín delantero de su hogar y fijó la oscura vista en la vivienda de los vecinos que se habían mudado antes que ella. La niña, de 10 años y siempre sonriente, observó el patio lindero de tierra roja desteñida por la sequía y, luego, descubrió que al lado vivía un niño castaño claro que parecía de su edad. Debido a que la ventana carecía de cortinas, lo vio sentado en la sala-comedor, donde dibujaba sobre una lámina de papel sujeta por alfileres en un pizarrón móvil que hacía de caballete. El joven creaba encorvado y con el ceño fruncido.

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LOS CASSETTES DE LA PRIMA HERMANA

Cassettes

    Una vez, una joven de nombre D… salió temprano de su casa alquilada para abordar el colectivo que la dejaría cerca de su trabajo. Ese día, como todas las jornadas en las que le tocaba laborar, durante el trayecto sintió miedo porque el barrio, a esas horas,  era inseguro; además, la acompañaba el permanente temor por quedar sin empleo. Pero, en esta ocasión, a sus preocupaciones se le sumaron el intenso calor de verano y el sopor característico de los que apenas pueden dormir porque los acecha la culpa de haberse comportado mal con una muy buena persona.

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PAÑUELOS DE ALEGRÍA

 

Alegría

  Durante una mañana de verano, una mujer que había visto muchos otoños, baila al son de un ritmo brasileño en una esquina posadeña.  Transmite así la alegría de la primavera a los apresurados transeúntes. Con pasos fáciles y pañuelos coloridos atados en la cintura, la malabarista anima su negra vestimenta y la reconocida intersección formada entre las avenidas Bartolomé Mitre y Corrientes. Con su pequeña radio en la mano izquierda, ella sólo danza y, sin proponérselo, siquiera, le ilumina el día a quien escribe estas líneas. Sigue leyendo