LA ESCULTURA

   Escultura
 
 
       Con un poco de barro y prestos dedos talentosos, creé una escultura sencillamente bella e inspiradora. Ese día, decidí abandonar permanentemente el acto de estralarme los dedos; y, además, me zambullí en el barrial. ¡La obra era tan anonadante que, si la hubiera visto, uno no querría hacer nada más! Quedaría absorto y, automáticamente, se le suspendería la noción de todo. Enloquecería y desearía aplastarla contra su pecho.