Periociudad (III): Al rescate de la cultura y la vegetación de un barrio tradicional

Ella caminaba en el interior del edificio de un periódico. Era de noche. Comenzó a subir las escaleras sujetando el barandal y tanteando la pared porque no había luz. El miedo se comenzó a apoderar de ella pues no veía nada, aunque alcanzó a atisbar un destello en el piso donde estaba la sala de redacción. Al llegar, halló dos pequeñas luces amarillas que recorrían juntas el lugar oscuro. La periodista, de unos 20 años, se puso contenta. De repente, apareció en la puerta un hombre pelirrojo, demasiado alto, que llegó al medio de la sala en solo dos pasos. Le llevaba al menos una década de edad. Se aproximó a la chica, a la que le sobrevolaban esas pequeñas luces, que resultaron ser dos luciérnagas. En un frasco de vidrio, el mozo encerró a los insectos. La luminosidad de estos se desplegó en contrapicado sobre sus pequeños ojos verdes. Las sombras no cubrieron su sonrisa pero oscurecieron su frente.  

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UN DESTELLO DE ESPERANZA PARA EL ISONDÚ (PARTE II)

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Imagen tomada de Pixabay

   En los sucesivos anocheceres, Graciela se adentró en el denso monte para encontrarse con el Isondú. Lo hizo porque decidió escribir una nota periodística sobre el caso de este ser mitológico, y publicarla en un diario local. Es decir, de Posadas, capital de la provincia de Misiones, Argentina. Su objetivo era lograr que la ciudadanía se conmoviera y ayudara a proteger el escaso hábitat que daba vida al “bicho de luz”. Sigue leyendo

UN DESTELLO DE ESPERANZA PARA EL ISONDÚ

 A continuación,  les presento una nueva versión del relato Luces entre los troncos, que publiqué en tres partes (ver II y III), hace ya unos años. En esta oportunidad, intenté dar un cierre a la historia, ya que el aludido relato había quedado sin terminar. ¡Espero que disfruten esta reversión!

   Érase una vez una tarde naranja y templada que cubría una casa localizada en el antiguo barrio John Kennedy. Una muchacha, residente reciente, se encontraba sentada en el único escalón que había en la entrada del inmueble. Se trataba de Graciela, de 20 años, quien vivía junto a sus padres (con el plan de quedarse allí hasta finalizar sus estudios universitarios). Ella, desde que se mudó junto a su familia (una semana atrás), comenzó a tomarle importancia a una frondosa arboleda ubicada a varios metros de distancia, donde se situaba el Jardín Botánico “Alberto Roth”, considerado el pulmón verde de la ciudad de Posadas. Es que desde allí, solían brillar dos luces amarillas, con forma de pequeñas semillas de cítricos en posición horizontal. Un par de ojillos suspendidos por debajo de las copas. Sigue leyendo