Periociudad (II): “Debemos averiguar los orígenes para no dar todo por sentado”

En una gran sala, se oían cientos de dedos pulsando teclas de computadoras. El sonido se unía al ruido de las pisadas apresuradas de todos los días. Ahí estaba Rebeca, armando notas para las cuales iba adaptando los textos que tenía en la carpeta digital del día. Era lunes y se cumplía la primera semana que la muchacha, de 20 años, trabajaba en Periociudad, el único medio de la ciudad. Cuando necesitaba recurrir a sinónimos, lo hacía desde el diccionario que siempre llevaba en su mochila dorada. Varios colegas la habían observado extrañados por eso: ¿por qué no usaba el internet? También les llamaba la atención el hecho de que cada vez que realizaba entrevistas, ella, además de su grabadora, llevara un viejo cuaderno de hojas onduladas donde efectuaba breves anotaciones. “Una mujer tan joven perdiendo el tiempo así”, se decían.

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