GUÍA DESORIENTADORA

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Foto tomada por F.K.

   Siempre sostengo en mi mano una estrella del cielo. Con su luz, ella me orienta en el camino arenoso, cuidando de mantenerme en la orilla del mar. Me ayuda, además, a leer la bóveda celeste, mostrándome algunas constelaciones. De esta forma, si bien ando bajo una noche eterna, no me pierdo, ya que cuento con toda esa iluminación estelar.

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EL LADO DESAGRADABLE DE LA LUNA

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   ¿Te acuerdas? Siempre decías, jurabas y perjurabas que usarías la luz interna de tu luna para alumbrar el alrededor. Pero al entrar a tu casa, no se ve nada. Sólo esa bendita luna que desperdicia luminosidad para lucirse frente a los demás; y tú, debajo, celebrando su ir y venir, su ruidoso tintineo hueco. Tú, en la oscuridad, tras un satélite de acrílico; muy feliz por su ajena luz ajena, mientras te chocas contra las paredes.

LUCES ENTRE LOS TRONCOS

Érase una vez una tarde naranja y templada que cubría una humilde casa Luces elocalizada en un barrio apartado del epicentro de la ciudad. Una muchacha, residente reciente, se encontraba sentada en el único escalón que había en la entrada del inmueble. Ella, desde que se mudó junto a su familia (una semana atrás), comenzó a tomarle importancia a una frondosa arboleda ubicada a varios metros de distancia. Es que desde allí, solían brillar dos luces amarillas, con forma de pequeñas semillas de cítricos en posición horizontal.
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LA PEQUEÑA ESTRELLA

Ella no podía dormir. Reposaba boca abajo en su cama de una plaza y, desde allí, La pequeñaapreciaba los rayos luminosos que le prodigaba el cénit nocturno, cuya posición era ocupada por un cuerpo celeste estudiado por la selenografía, conocido como Luna. Los haces atravesaban la ventana, azulando la pequeña habitación. Ese efecto acuarela (en unas partes, de tono más oscuro que en otras) era más activante que soporífero. Realmente, tenía a sus ojos cautivos. Éstos estaban fijos en un espacio en especial, cercano al alféizar, puesto que su claridad resultaba lenta, pero progresivamente… ¡hasta que se convirtió en una diminuta centella permanente, en una estrella terrena!
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