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Imagen tomada de Pixabay

Su vida era jugar afuera de casa con los demás chicos de 12 años. Eso, o hablar con su padre por teléfono celular. Bueno, en realidad, escuchar los mensajes de voz que le enviaba mediante la aplicación WhatsApp. Por pedido expreso del familiar, alejado hace tiempo tras la separación, Mauro no le contaba nada a su madre ni a su abuela, con quienes vivía. Ellas tampoco se daban cuenta porque la primera, Rosana, trabajaba todo el día como maestra de guardería; mientras que su abuela, María, era una mujer que gustaba de dedicar su tiempo de jubilada a actividades sociales en el centro de adultos mayores del que era socia; y de visitar amistades, cuando no viajaba. En su tiempo, fue portera de escuelas.

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